lunes, 12 de marzo de 2012

Entrevista a Teo Palacios

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Teo Palacios es escritor, corrector, profesor de creación literaria y, desde hace poco, miembro del Bibliofórum. Para que podáis conocer un poco mejor al autor de "Hijos de Heracles" (Edhasa, 2010) os dejamos esta pequeña entrevista.


1- Sabemos que desde pequeño has sido un enamorado de los libros. ¿Qué tipo de libros te gustaban más? ¿Siempre te has decantado por la narrativa histórica? ¿Qué otros géneros literarios te gusta leer?

Pues leía prácticamente todo lo que caía en mis manos. El primer libro que recuerdo haber leído es Momo, de Michael Ende. Recuerdo también haber leído Sandokán y El Corsario Negro, de Salgari. La Isla del Tesoro… Lloré cuando estaba terminando La Historia Interminable porque, claro… aquello no se podía terminar, ¡por propia definición! En fin, literatura de aventuras y juvenil, que era lo que correspondía, claro. La literatura de corte histórico fue un paso posterior. Creo que la descubrí con El Nombre de la Rosa, que rompió moldes y creó estilo y es una novela imprescindible, aunque con perspectiva creo que no es novela histórica sino de ambientación histórica, que es algo distinto. Años más tarde, casi mediada la veintena, leí El Señor de los Anillos… y fue el inicio de mi relación formal con la escritura.

2- En una ocasión comentaste que el curso natural de una persona que lee mucho es la escritura. ¿Qué te aporta esa actividad? ¿Qué opinas de la gente que, por pudor o miedo, no se atreve a dar el paso de lector a escritor?

La escritura me evade, me permite olvidar que estoy anclado al suelo y echar alas, vivir momentos y circunstancias que jamás viviré. Y eso es una experiencia única que ninguna otra actividad puede proporcionar. Enriquece a nivel personal, nos abre la mente porque tenemos que aprender a pensar como lo haría otras personas… Escribir nos hace mejores personas, siempre y cuando uno no se endiose y crea que es algo porque se dedica a juntar palabras.

En cuanto a aquellos que prefieren mantener sus textos en privado… Decirles que, normalmente, suelen ser mucho mejores de lo que ellos mismos creen. No hace mucho, una buena amiga me sorprendió con un relato estupendo y conmovedor con un final de infarto. Si uno no está seguro de lo que vale, que pregunte. Igual se sorprende.

3- Has publicado la obra Hijos de Heracles: El nacimiento de Esparta. Cuéntanos tu experiencia, tus luces y sombras. ¿Ha sido como esperabas?

Fue mejor de lo que esperaba en muchos aspectos. Tuve la inmensa suerte de publicar con una gran editorial que sacó un ejemplar maravilloso de la novela. Dos meses más tarde era necesaria una segunda edición, los comentarios eran muy buenos en general… Aún hoy, dos años después, me siguen llegando mensajes de personas que leen el libro y me dicen que les ha emocionado.

Sombras también hay, claro… La falta de promoción, por ejemplo. Entiendes que no se puede apostar con mucha fuerza por todo, aunque creo que si se hubiera trabajado más la novela podría haber tenido un recorrido mucho más largo y mejor. Claro, que eso es lo que dicen todos los escritores. Igual es que tengo que poner los pies en el suelo y ver que no daba para más. En general estoy muy satisfecho.

4- ¿Alguna obra en el tintero sobre la que nos puedas adelantar algo? ¿Cuáles son los proyectos literarios de futuro de Teo Palacios?

Ahora mismo tengo una novela en manos de varias editoriales de primer orden de la que estoy esperando noticias. Fue un proyecto muy bonito, y muy arduo, que me llevó dos años terminar. Una historia fascinante de amores, odios y venganzas en la Sevilla del Siglo XI.

Empiezo a trabajar ahora en un nuevo proyecto, la continuación de Hijos de Heracles. Pero no sé si podré llevarla a cabo, aún es pronto para decirlo.

lunes, 5 de marzo de 2012

Citas de Marzo

Marzo se presenta con fuerza, estamos preparando citas y eventos de cara a los meses de Abril y Mayo, que se presentan moviditos. Mientras preparamos nuestro calendario de trabajo ya podemos anunciaros lo siguiente:

-El día 9 de Marzo a las 19:00 en CICUS La Sociedad Tolkien representada por Rocío Cañero Puerto, Alberto Castro y Delia Martin Garwood nos ofrecerán una interesante visión sobre las obras menos conocida de J. R..R. Tolkien, su influencia en la literatura fantástica posterior, las dificultades que sufrió (y causó) a las editoriales, así como otras curiosas anécdotas que nos harán ver el universo de este extraordinario autor de un modo completamente nuevo.

Seguid atentos porque la primavera se presenta de lo más interesante

jueves, 16 de febrero de 2012

Corazón de Hielo


Bien, esta noche traemos ante vosotros esta fantástica historia de princesas, sueños, hielo... pero también de amor, un amor único como solo podemos alcanzar a imaginar muy a duras penas. Os dejamos con Kah-la y su maravilloso descubrimiento.

    Vivía en un palacio transparente. No estaba edificado en duro cristal; ni siquiera con frío hielo. Lo habían construido con ese material cálido y suave con el que se tejen los sueños hermosos, aquellos que consiguen que, al despertar, nuestros días resplandezcan cargados de amor y belleza. Se alzaba sobre una colina plagada de flores que escarchaban de color la verde hierba, cubriendo toda la pendiente. Al fondo, las ariscas rocas de un acantilado arrullaban al mar, cuyas olas salpicaban, en días de tormenta, los grises farallones, en los que líquenes y enredaderas se abrazaban aferrándose a las piedras. Un bosque de hayas y robles crecía hacia el este y, cada mañana, algunos pajarillos saludaban al nuevo día trinando desde sus nidos, trenzados con las virutas perdidas de las caricias que, algunos amantes ya olvidados, se habían prodigado bajo las copas de los árboles, mucho tiempo atrás. De vez en cuando, un ciervo alto y poderoso, de enorme cornamenta, se asomaba a la linde del bosque, y ella tenía la ocasión de observar los ojos del animal, de los que irradiaba la ternura que nos envuelve al acariciar a nuestro hijo por primera vez.

    Porque en aquel bello paisaje vivía Kha-la. Era una princesa, por supuesto; de pelo nocturno y ojos del color de una nube de tormenta. Alta y delgada; de rostro alargado y pómulos marcados con la suavidad que un soplo de brisa le regaló al nacer. Tenía manos delicadas y suaves, y dedos largos, intrépidos y ágiles.

    Y así debía ser, puesto que era la encargada de que los sueños de los hombres les infundieran valor y honor; Vigilaba, a través de la luz de la luna, el sueño de todos los durmientes, y se aprestaba a coser en ellos, con hilos bordados de oro y suavidad, sinceridad, perseverancia o arrojo, tenacidad, justicia o sensatez… O cualquier otra cosa que aquel hombre en concreto necesitara en su vida.

    Lo único que Kha-la no podía otorgarles era amor.

    Tenía unas ruecas mágicas que fabricaban sin descanso hilos y más hilos de todos y cada uno de los hilos con los que trabajaba. Pero la rueca encargada de preparar el hilo de Amor permanecía siempre silenciosa, enmohecida en un rincón. Y la única madeja que tenía de aquel material estaba seca y resquebrajada.

    Y es que, Kha-la tenía el corazón de hielo.

   No era por casualidad que viviera sola. Nadie se acercaba a sus dominios, pues se decía que una simple mirada suya podía convertirte en una figura cincelada en escarcha. Nadie había amado nunca a Kha-la, porque ella jamás había permitido que alguien se acercara lo suficiente para hacerlo.

   Así vivía su vida: solitaria y vacía, llenando de belleza la vida de los demás; rodeada del hermoso esplendor de las cosas sencillas; pero sin que nada pudiera arrancarle la menor de las sonrisas. Así pasaban sus años: hueca como el tronco de un árbol quemado; incapaz de comprender el fuego que inunda la esencia de un hombre ante una mirada de amor. Porque Kha-la era inmortal, y llevaba tejiendo sus sueños desde antes de que los hombres empezaran a contar el tiempo y a mirar las estrellas. Puesto que jamás sentía calor ni pasión, nunca bebía, a pesar de que, a pocos pasos de su palacio transparente, manaba un manantial de agua rica en cariño.

    Un día, Kha-la alzó la mirada y contempló una gota de lluvia que había surgido de la nada. Flotaba en el aire, frente a ella, risueña y cantarina. Y Kha-la vio su reflejo por primera vez. Comprobó la tristeza de su mirada; la suave languidez de sus labios, grueso y plenos, hinchados y anhelando poder besar, aunque no sabían cómo hacerlo. Descubrió que las yemas de sus dedos eran ásperas por el constante uso de las agujas; y también que su piel era pálida, pues nunca había sido tocada por el roce abrasador y trémulo de un amante. Levantó entonces uno de sus gráciles dedos y rozó la gota de lluvia, que murió tan pronto como sintió su tacto. Y Kha-la se estremeció, pues comprendió que, a pesar de que era capaz de hacer feliz a todos los hombres, nunca conocería la dicha que entregaba a otros. En ese mismo instante, corrió hacia el estanque que formaba el manantial y hundió en él sus manos. Necesitaba lavarse la tristeza de tantos años, de tantas vidas. A continuación se tumbó al sol. Necesitaba que sus cálidos rayos calentaran su piel, alejando el intenso frío que se había albergado en su interior.

    Y, entonces, empezó a ocurrir algo extraordinario. Las gotas de agua que humedecían sus manos no se secaban. Se fueron agrupando una tras otra, formando dos pequeños lagos en las palmas enrojecidas, y una vez que todas se hubieron reunido, fueron, poco a poco, fundiéndose entre los dedos. Pasaron del exterior al interior del cuerpo de la princesa, que poco después sintió un sofocante escalofrío. Las gotas del manantial rico en cariño viajaban a toda velocidad por las venas de la princesa, descongelando todo aquello que tocaban en su viaje hacia el corazón, pues ese era su destino final.

    No fue necesario esperar mucho tiempo. De pronto, Kha-la comprobó que comenzaba a elevarse en el aire, que las flores se alzaban a su alrededor, girando en un torbellino de color que la dejaba ciega al permitirle ver toda la hermosura que la había rodeado y que nunca antes había advertido. El viento rugía poderoso, pero en lugar de zarandearla la mecía con ternura; El sol se convirtió en una llama ardiente, aunque no la consumía, sino que se dedicaba a sonrosarle los labios, que hasta ese momento habían permanecido pálidos. Y su corazón se fundió al comprender que había desperdiciado toda una vida de vidas al no sentir antes aquella reconfortante sensación.

   Cuando volvió a reposar en el suelo, agotada y vencida por lo poderoso de aquel sentimiento desconocido hasta entonces, se quedó dormida por primera vez en la historia de la Tierra. Fue entonces ella la que tuvo un sueño. En él pudo ver a un hombre. Era un hombre sencillo. Vestía como cualquier otro, hablaba como cualquier otro, reía como cualquier otro. Pero su mirada era distinta. Era de una profundidad insondable, como si la luz del Universo se perdiera en ella. Aquellos enormes ojos miraban el mundo de un modo diferente a cualquier otra cosa que ella hubiera conocido. Hablaban de Amor. Hablaban de entrega. Hablaban de la capacidad de dar sin esperar recibir, pero sabiendo que, sin necesidad de pedir, se le entregaría a cambio. Hablaban de la capacidad de sonreír y de alegrar la vida de los demás con esa sonrisa…

   Kha-la despertó entonces y se sintió ligera como nunca antes. Alzó la vista y comprobó que comenzaba a anochecer, y que su trabajo la esperaba. Corrió hacia la habitación en la que tejía los sueños y buscó en los pálidos rayos de luna al hombre al que había conocido soñando… Lo encontró plácidamente dormido, con una tenue sonrisa curvando sus labios. Y, también por primera vez en su vida, sintió que sus ojos se humedecían, que la visión se le nublaba, de modo que pasó uno de sus dedos sobre los párpados rodeados de largas pestañas para comprobar lo que sucedía. Notó que el dedo se empapaba y, al mirarlo, un pensamiento llegó hasta ella mientras frotaba las yemas una contra otra, sintiendo aquel rocío en su piel: «así que esto es una lágrima».

    Se introdujo en el sueño de aquel hombre. Quería saber qué lo hacía tan diferente, por qué se le había aparecido. Y lo que observó entonces la dejó sin palabras, pues descubrió que él era justo lo contrario a ella: estaba lleno de amor, pero no tenía a nadie a quien entregárselo, de modo que lo repartía entre todos aquellos con los que se encontraba: acariciando el cabello sedoso a una desconocida, diciendo una palabra amable a un anciano o esbozando una sonrisa a un extraño. Y Kha-la quiso recibir todo aquel torrente, toda aquella inundación de pasiones que el hombre albergaba en su interior de tal forma que le rebosaba y alcanzaba a todos los que pasaban cerca de él.

   Tomó entonces la olvidada madeja de hilo de Amor que, al contacto con sus dedos, aún humedecidos por su primera lágrima, chisporroteó y se iluminó con la luz de un arcoíris. Aquella noche, Kha-la solo tejió una colcha de sueños, la más hermosa que hubiera creado nunca, urdida con el nombre de aquel desconocido.

    Cuando la concluyó, se tumbó en su sillón favorito y se arropó con ella. Desde entonces, espera a que su amado la encuentre; y es su sonrisa la que se encarga de velar los sueños de los hombres.

Teo Palacios.

martes, 7 de febrero de 2012

Citas para Febrero. Segundo aldabonazo a este año increíble.

Llegamos al mes más corto de este año bisiesto que nos ha tocado vivir (y disfrutar), y en el que encontraremos solaz entre el ya clásico Bibliofórum CICUS y nuestro Desencuadernando Mitos en Casa del Libro.

- En primer lugar, el Viernes 10, a las 19:00, en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), C/ Madre de Dios, nº 1, en Sevilla, de nuevo estaremos compartiendo en torno a la experiencia literaria junto a todos vosotros. Pero en esta ocasión iremos más allá (sobrevolando en forma alguna) a la literatura en sí misma y meteremos las manos en la siempre procelosa harina de la publicación. La aventura de Publicar. En la mesa de ponencia nos iluminarán Mamen de Zulueta y María José Ruíz, con la mesura y la siempre cuidada moderación de Teo Palacios. Pero... no os creáis que los dejaremos solos a los tres. Habrá desfile de autores. Y hasta aquí puedo leer.

- Muy poco después, tan solo ocho días más tarde, el Sábado 18 a las 19:00, tenemos preparada una (esperamos) más que grata sorpresa que lleva tanto tiempo llegando que cae como agua de Mayo aunque sea el mes incorrecto. ¡Bibliofórum entre viñetas! Los amigos de Sensei Comics, C/ Farmacéutico Murillo Herrera, nº 8, en Triana, nos abre sus puertas para acogernos y ayudarnos a adentrarnos en las tenebrosas aguas de los Cómics como forma de expresión (también) literaria. Allí tendrá lugar el encuentro donde podréis contar, sin moderación, a pecho descubierto, a gente tan interesante como Abel Ippólito, Pepe Carrasco, Concha Perea, Juan Manuel Moreno... ¿qué más podéis pedir? ¡Venid y disfrutad de buena compañía a todo color y llena de bocadillos con vida propia!

- Y, por fin, el Viernes 24 a las 19:30, volveremos a asomar nuestras literarias naricillas por La Casa del Libro de la C/ Velázquez, en la iniciativa promovida por ZW Agencia Literaria y patrocinada por Casa del Libro en la que colaboramos mes a mes con gran placer. En este caso será Desencuadernando los Cuentos. El tema promete (y mucho), así que pondremos falta. ¡Contamos con vosotros!

Pues bien, suculentos son los manjares que Febrero trae a nuestra mesa. Ataquémoslos sin recato, que ya vendrá Marzo, ya...

martes, 31 de enero de 2012

Entrevista a José Ángel Muriel González

Bueno, traemos ante vosotros hoy la breve entrevista que le hemos hecho a uno de los últimos autores que han pasado por nuestras manos. En concreto se trata de José Ángel Muriel González, que nos acompañó como ponente en el Bibliofórum CICUS del pasado 13 de Enero sobre Narrativa Histórica.

Esperamos que sus palabras os sirvan, como a nosotros, para conocerle un poco mejor y para apreciar el genuino interés y amor que dedica a la palabra escrita.


1) Muy buenas, José Ángel. Tienes varias obras publicadas y en distintos géneros (juvenil, histórica, fantástica). ¿Cuál dirías que es tu favorito, como lector, y en cuál te sientes más cómodo como escritor y por qué?
José Ángel.- Como lector, leo casi cualquier cosa que cae en mis manos: todos los géneros de novela y relato, libros y revistas de divulgación, también poesía y teatro, artículos de internet, etc. Y eso mismo me pasa al escribir. En realidad, he escrito un poco de todo, aunque las obras que tengo publicadas están dentro de las categorías que has mencionado. No obstante, me cuesta reprimir los elementos fantásticos cuando preparo un texto. Podría decir que las novelas de aventuras en general son las que más me divierten, ya sea leyendo o escribiendo.

2) Sabemos que tu formación académica es lo que se dice vulgarmente "de ciencias". ¿Qué ha llevado a un Licenciado en Matemáticas a hacer de la literatura su pasión?
José Ángel.- Siempre me he considerado una especie de "humanista" contemporáneo, en el sentido de que me siento atraído por muchas disciplinas diferentes. No me habría importado estudiar Historia, Filosofía, o Biología, por ejemplo, pero en su día traté de ser práctico y elegí una carrera con más salidas profesionales. En el terreno "artístico", comencé guionizando y dibujando cómics e historietas. Pero el dibujo y la pintura requieren más concentración y continuidad para concluir una obra, mientras que un relato, independientemente de su extensión, puedes empezarlo, dejarlo, reanudarlo, reescribirlo y así hasta que lo tienes terminado. Siempre me ha fascinado leer y, ligado a ello, inevitablemente, he sentido la necesidad de dar rienda suelta a la creatividad para concebir mis propias historias.

3) Desde sus comienzos hasta su momento actual, tu trayectoria como autor ha ido evolucionando desde los relatos cortos (algunos de ellos premiados) hasta la novela, pasando por la narrativa juvenil interactiva en formato "Elige tu propia aventura". ¿Cómo has ido viviendo estos cambios? ¿Cómo han encajado en tu forma de entender y relacionarte con los libros?
José Ángel.- Desde luego han sido experiencias muy distintas. Los relatos me han proporcionado muchas alegrías, pero hay ideas que necesitan un desarrollo mucho mayor. Siempre digo lo mismo: me gusta experimentar. Géneros, formatos, estructuras... Para mí es algo natural ir enfrentándome a narraciones diferentes. El elemento común es que vas labrando y depurando tu propio estilo en el camino. Por otra parte, cuanto más escribes y más maduras haciéndolo, más crítico y analista te vuelves al leer la obra de otros autores.

4) Sabemos que a pesar de todo lo mucho y bueno publicado, aún hay muchos de tus proyectos que esperan ver la luz. ¿Podrías darnos algunas pinceladas sobre qué le pides literariamente al futuro?
José Ángel.- Gracias por "lo mucho y bueno". Tengo unas cuantas novelas esperando ser publicadas y otras en preparación. De aquí a uno o dos años, me gustaría que los intentos de mi agente literaria promoviendo otra de mis novelas juveniles fueran fructíferos y significaran un paso más adelante. También me encantaría conseguir algún premio de novela. Con ese objeto estoy empezando a recopilar ideas para un nuevo libro algo siniestro.

José Ángel Muriel González.
elautor@elautor.com
http://www.elautor.com

Redactora: Covadonga Bernaldo de Quirós Márquez.

jueves, 26 de enero de 2012

¡¡Amor en la Casa del Libro!!


    Sí, sí. Amor. Amor del bueno, amor del que dura, del que nunca es rechazado o arrepentido... amor a los libros, a la literatura, amor correspondido a menudo en medida plena.

    Este próximo Lunes 30 de Enero, festividad de San Fernando (patrón de nuestra bella ciudad) y Día Escolar de la Paz y la No Violencia, a las 19:30, podréis encontrarnos Desencuandernando la Literatura Romántica en la Calle Velázquez, nº 8, en esta Actividad promovida por ZW Agencia Literaria y patrocinada por Casa del Libro.

    Besos, traiciones, conjuras, promesas y suspiros. Todo, todo ello, se dará cita con nosotros.

    Os lo podéis perder, si ese es vuestro deseo, pero después no le pidáis a la luna que os alivie el sufrimiento pues, como amantes furtivos, nos habremos ido para no volver.

martes, 17 de enero de 2012

El mejor amigo del nómada


    Me toca, me temo. Así que es mi turno para torturaros con este desvarío de humor extravagante (o un ejemplo de mi versión de eso). Espero que lo disfrutéis, y que no dudeis en arrojar piezas de fruta podrida a las pantallas de vuestros dispositivos digitales si consideráis oportuno disuadirnos de intentar algo así en otra ocasión y salvaguardar, con ello, vuestra ya maltrecha cordura. Con mis mejores deseos: felices pesadillas.

    Ibrahim era nómada, hijo de nómadas y nieto de nómadas. Y así sucesivamente. Su camello, Rufus, también era hijo de camellos y nieto de camellos. Y también, o al menos eso creía Ibrahim, así era sucesivamente.
   
    Aquel día ambos compartían un precioso amanecer en Gobi, como venían haciendo desde hacía algo más de una semana. Como puede resultar evidente, cualquiera que viera a un beduino con un camello apaciblemente sentados en mitad de la nada al sur de Mongolia tendría que frotarse los ojos varias veces arrastrado por el desconcierto más abrumador. Ese observador casual, sin duda, miraría en derredor suya y se llevaría las manos a la cabeza, pensando por un angustioso momento que quizá se había equivocado de desierto, que en realidad se encontraba en África y que se había vuelto completamente loco.
    Pero supongamos por un momento que nuestro observador es un tipo listo y rápido de reflejos. Pronto llegaría a la conclusión de que no era él, no, el que debía estar equivocado. El que se había equivocado de desierto era aquel individuo. Cómo podía haber llegado un nómada del Sahara hasta allí, bueno, esa era otra historia. Nuestro observador, hemos dicho, es un tipo listo, no un telépata de pro. Por ello, lo que no podemos suponer es que sea capaz de adivinar que el bueno de Ibrahim y su camello, simplemente, estaban allí de vacaciones.

    -Ah, Rufus, qué parecido es este sol al nuestro- suspiró Ibrahim, nostálgico.
    Rufus giró la cabeza y le lanzó una larga mirada que, por algún motivo, le transmitió a Ibrahim un aburrimiento supremo y, quizá, una leve señal de alarma desde el fondo de sus enormes pupilas oscuras. Venía temiéndoselo desde hacía ya un buen rato: su dueño estaba a punto de ponerse a filosofar.
    -¿Es acaso, mi fiel Rufus, este el mismo sol que estén viendo mi padre y mis hermanos? ¿Es este un vínculo más allá de las enormes distancias que nos separan?- continuó Ibrahim, empezando a emocionarse.
    -Oh, no, no, no, no…- pensó Rufus, que ya hacía bastantes años había renunciado a intentar taparse las orejas con las patas. Eso había sido justo después de que, al ver cómo lo hacía, la mujer de Ibrahim hubiera intentado hacer negocio con él, enseñarle más trucos y venderlo a un circo con la idea de comprarse una bañera con jacuzzi. Los humanos rara vez entendían a los de su especie. Nunca, de hecho, que él supiera.
    -¿Es la Madre Naturaleza el nexo de unión entre todos sus hijos, Rufus? ¿Son nuestras almas capaces de viajar a través de tiempo y el espacio, hasta tocar a las de nuestros seres más queridos?- soltó de pronto el nómada, levantándose de golpe y alzando los brazos al cielo. Ya volvía a comportarse como un iluminado. Cuando se ponía en ese plan, Rufus casi llegaba a odiarlo. Si no fuera porque estaba obligado a permanecer a su lado…
    -¿No es mucho pedir que dejes de hablarme? Como si alguna vez fuera a contestarte, tarugo- murmuró, en perfecto inglés, Rufus.
    Nuestro observador casual, en caso de tener un oído que ni Superman, hubiera alucinado en este preciso instante.
    -¡Oh, Padre de todos los Padres! ¡Oh, Dios Todopoderoso! ¿Qué puedo hacer para honrar tu creación, si no me explicas todos sus secretos?- continuó Ibrahim, arrodillándose ante un imaginario altar invisible.
    Rufus resopló. La cosa iba cada vez peor. La última vez que se había alterado tanto había sido durante su estancia en el Valle de la Muerte, durante su periplo americano. Ya entonces el amago de infarto había obligado a Rufus a meterle a su dueño una sublingual de nitroglicerina en la boca cosa que, dada la forma de sus pezuñas, había sido toda una proeza de puntería, ingenio y habilidad nada desdeñable. Aquello estaba pasando de castaño a oscuro. No volvería a pasar por algo igual nunca más.
    Antes… antes… hablaría con él.
   
    Ibrahim comenzó entonces a darse golpes de pecho a orar a gritos en la jerga que utilizaban en su poblado natal. Aquello era síntoma inequívoco de una crisis inminente. Rufus, que a pesar de todo le había cogido cariño a Ibrahim, decidió que no lo dejaría solo en esta ocasión. Haría lo que fuera necesario. Se descubriría.
    -¡Eh, tú! ¡Levanta de ahí! ¡Ya está bien, demonios!- le gritó, usando el mismo dialecto familiar.
    Ibrahim, al oírlo se calló de inmediato y permaneció allí inmóvil, de rodillas, sin atreverse ni a parpadear.
    -¡Eh, que no tengo todo el día! ¡Ven aquí ahora mismo, cernícalo!- le espetó Rufus, cada vez más enfadado. Si tenía que desenmascararse de una vez, después de todo lo que había aguantado durante años y años, lo haría bien. Se había roto el dique y había llegado la hora de desahogarse hasta quedar saciado.
    El nómada miró entonces por encima del hombro a su camello. Era consciente de que este le había hablado y eso le daba bastante miedo. Quizá Dios, Alá o quien fuera había decidido castigarlo y había hecho que perdiera la chaveta. Pero, como era un tipo obediente, hizo lo que pedían. Se levantó, sin atreverse a mirar al camello a los ojos, y caminó de vuelta hasta él arrastrando los pies como un niño al que habían pillado in fraganti en una travesura.
    -Vamos a ver, Ibrahim. ¿Qué estabas haciendo ahí pegando chillidos y montando ese patético espectáculo? ¿Es que no tienes ni un poco de amor propio? ¿Sentido del ridículo? ¿Sentido común? ¿Algo?- le espetó, ácido, a bocajarro.
    -Puedes hablar- murmuró Ibrahim, aún anonadado por la revelación.
    -Claro que puedo hablar, idiota- contestó Rufus, resoplando con fuerza.
    -¿Y cómo es que no habías hablado hasta ahora?
    -No seas inocente. He hablado muchísimas veces antes de ahora. Solo que no a ti, claro.
    -¿Y por qué no me has hablado nunca antes a mí?
    -Porque no era necesario.
    -Tú no puedes ser un camello normal… ¿qué eres? ¿Eres un Dios? ¿Eres… mi conciencia?
    -Buena pregunta… ¿quién soy? Soy el último de una larga estirpe al servicio de ti y de tu familia, desde hace mucho, mucho tiempo.
    -¿Eres de este mundo?
    -Evidentemente que soy de este mundo. Aquí nací, aquí he crecido, junto a ti y aquí estoy ahora, contigo.
    -Pero, pero… ¡los camellos no hablan! ¡Por lo menos no los camellos normales!
    -A estas alturas ya habrás comprendido que yo no soy un “camello normal”.
    -No, no. Claro que no- corroboró Ibrahim, que intentaba con todas sus fuerzas sobreponerse al bloqueo que le imponía su actual estado de shock -. Dices que eres el último de una estirpe… ¿quién fue el primero? ¿Cómo empezó todo… todo esto?
    -Tendríamos que remontarnos más de dos mil años atrás en el tiempo para ello y no me apetece mucho, la verdad- le contestó Rufus, bostezando indecentemente.
    -Pero ¡tengo que saberlo! ¡Esto es tan increíble! ¡Nadie me creerá!
    -¿Qué dices, estúpido? Nadie te va a creer porque no se lo vas a contar a nadie. ¿Es que quieres que nos quemen en una hoguera o que nos abran en canal y experimenten con nosotros?
    -No, no. Claro que no- repitió el otro, asustado.   
    -Aún así. Necesito saber cómo empezó todo esto. ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué conmigo?
    -Vale, de acuerdo. Todo empezó con tu tátara-tátara-tátara… con uno de tus antepasados: Josué, el Estrellado.
    -¿Josué el Estrellado? Creo que hay una leyenda sobre él que dice…
    -¡Claro que hay una leyenda! Él fue el que encontró el meteorito en que se había convertido nuestra nave.
    -¿¿Vuestra qué??
    -Nuestra nave. Sí, nuestra nave espacial. Vale, lo reconozco, somos camellos alienígenas extraterrestres, ¿estás contento?
    -Esto es demasiado…- susurró Ibrahim, justo antes de desmayarse sobre la arena.
    -Maldita sea… debería habérmelo imaginado- refunfuñó Rufus, mientras volvía con resignación la cabeza en busca del frasco de sales que se había acostumbrado a llevar a escondidas en sus alforjas.
   
    Cuando Ibrahim recobró la consciencia, Rufus continuó con su relato / reprimenda.
    -Mira, Ibrahim, querido, los míos y los tuyos llevan mucho tiempo conviviendo y no ha pasado nada. No se ha acabado el mundo, no os hemos absorbido los cerebros y no, no pongas esa cara. No nos hemos apareado nunca juntos. ¡En qué demonios estabas pensando! ¿Qué clase de...? ¡Puagh!
Ibrahim enrojeció violentamente al darse cuenta de que Rufus podía leer su mente como un libro abierto.
    -Los míos llevan, como te decía, más de dos mil años cuidando de vosotros y yo no voy a ser una excepción. Ha llegado el momento de que enderecemos un poco tu vida, muchacho. Se han acabado los viajes sin sentido, el mirar a cada atardecer como si fueran a llover diamantes en cualquier momento y, sobre todo, se acabó el rollo ese de los golpes de pecho, los chillidos y cualquier cosa que signifique alterarse tanto como hace un rato. Ya está bien de creerte un personaje escapado de un libro de Paulo Coelho y, al rato, la Dama de las Camelias en versión fanático-religiosa. ¡Que cualquier día va a pasarte algo grave de verdad! ¿Entendido? ¡¿Entendido?!
    -Ssí, sí. Entendido, Rufus- accedió Ibrahim, intimidado por la firmeza del camello.
    -Y, a partir de ahora, seré Señor Rufus para ti, amigo. Aquí van a cambiar muchas cosas. Vaya que sí.
    -Como usted diga… señor Rufus- respondió Ibrahim, sumiso.
    -Por cierto, te recomendaría que tiraras la fusta bien lejos… si no quieres que empiece a pensar en darle yo nuevos usos- continuó, amenazante -. Y ahora, levanta de ahí. Vamos al oasis del hotel. Ya me he cansado de tanta cháchara. Por cierto, alquila una camioneta cuando lleguemos allí. Y ya puedes ir dándole gracias a tu Dios por que no me puedo sacar el carnet de conducir, que si no…
    -Sí, señor. Como usted diga, señor.
    -Tenía que haber hecho esto mucho, mucho, pero que mucho antes… ay, si me hubiera decidido hace veinte años- se lamentó Rufus, mientras caminaba tras Ibrahim para evitar dar pie al azote de las malas lenguas.
    -Señor Rufus, ¿puedo montarme, como de costumbre, sobre su lomo?- pidió, humilde, Ibrahim, que temía por su vida al encarar el largo trecho de desierto que aún los separaba del hotel en el que se hospedaban.
   
    La carcajada del camello casi lo tiró de espaldas. Acababa de perder una montura y, al mismo tiempo, de ganar un tirano. Definitivamente, aquel no iba a ser un buen día. De eso se dio cuenta hasta el observador casual, el tipo listo y rápido de reflejos que, una vez se hubo quedado solo, se dirigió al manicomio más cercano para pedir su ingreso urgente sin importarle demasiado el prestigio que pudiera o no tener aquella institución.

Francisco de Paula Pérez de la Parte.